martes, 14 de junio de 2016

Identidad corporativa

¿A qué se debe el éxito de una empresa? Quizá sea su producto, su marketing, sus trabajadores o un simple golpe de suerte. Pero ¿qué hacen las empresas para que sus productos sean muy cotizados y amados?
Ilustración. Venta en línea.

Muchas marcas no necesitan mucha publicidad, anuncios o cortes comeciales; basta conhacer fieles a sus clientes. ¿Cómo lo hacen? simple, utilizan su propia identidad.

Sí, sólo eso, una identidad propia. Sabemos que todos tenemos un nombre único y especial que debe distinguirnos e identificarnos; es justo lo que una empresa necesita; un nombre. No necesariamente grande o vistoso, debe tener un efecto de lealtad en el consumidor.

Ejemplo: logo de Google Chrome
Ejemplo: logo de Google Chrome
Otro punto para que el consumidor no olvide nuestra marca es a través de nuestro logo, este debe ser atractivo y fácil de comprender para nuestros posibles clientes. Existen tres variantes del logo: isotipo (compuesto de iconos, símbolos o imágenes), isologo (combinación de imágenes, iconos y texto), imagotipo (parecido al isologo, la única diferencia es que su parte textual e icónica pueden funcionar por separado).

Y si esto es poco, aun podemos cohesionar más nuestra identidad, creando un eslogan. Debe ser original y prometer los beneficios del producto o servicio de nuestra empresa y dar una idea de credibilidad y prestigio.

Y listo, así emprezamos con nuestra identidad corporativa. Un paso para la consolidación de nuestros clientes.

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Fuentes:

Modesto García, "Hablemos con propiedad: logotipo, isotipo, imagotipo, isologo, imagen corporativa, identidad...", en Brandemia, 2011, disponible en: http://www.brandemia.org/hablemos-con-propiedad-logotipo-isotipo-imagotipo-isologo-imagen-corporativa-identidad (consulta: 14/06/2011).
Emprende Pyme, "Elementos de la imagen corporativa", disponible en: http://www.emprendepyme.net/elementos-de-la-imagen-corporativa.html (consulta: 14/06/2016).

¿Hablar sin palabras? Lenguaje no verbal

Multitud en una ciudad  (Unsplash)

Los seres humanos necesitamos compañía, porque no subsistimos de manera totalmente independiente en ninguna etapa de nuestro desarrollo. Así, Aristóteles describe al ser humano como un «animal político»,[1] i. e., «algo más que “social”».[2]

Un papel primordial desempeña el lenguaje en esa coexistencia, que forma parte de nuestra esencia. Sin comunicación, la convivencia sería imposible.

Pero para comunicarnos recurrimos a distintos procedimientos y herramientas. Además del habla y la escritura, existe también la comunicación no verbal (sin palabras): los ademanes, la música, los símbolos, etc.
Mano, low poly (Gordon Johnson).

Una clasificación sencilla de la comunicación no verbal


De acuerdo con Salvador Sánchez Gutiérrez,[3] existe una clasificación clásica de la interacción sin palabras:

  • Lenguaje de los signos.
  • Lenguaje de la acción.
  • Lenguaje de los objetos.
Ejemplo: señal de tránsito, símbolo de bicicleta (J. Miguel S.)

Mientras que en el lenguaje de los signos se sustituyen palabras y signos de puntuación por gestos (codificación), el lenguaje de la acción comprende todas las actividades que realizamos. Aunque nuestras acciones obedezcan a un propósito personal, son susceptibles de interpretación, dicen algo.

El despliegue de cosas materiales también resulta susceptible de expresar sin palabras. Así como la forma en que decoramos una habitación manifiesta nuestros gustos o nuestra personalidad, algunos objetos dan información por lo que simbolizan (por ejemplo: el uniforme de policía).

Para tomar en cuenta


Cabe aclarar que, como dice Alberto Espejo, «es importante distinguir entre situaciones u objetos [...][que proporcionan información], y objetos o instrumentos […] creados expresamente para transmitir y comunicar mensajes».[4] En el primer caso no existe una codificación, en tanto que en el segundo caso instrumentos y objetos transmiten mensajes mediante un código.




[1] Aristóteles, Política, en Francisco de P. Samaranch (traductor), Aristóteles. Obras, Madrid: Aguilar, 1982, p. 679.
[2] Francisco P. Samaranch, loc. cit.
[3] Salvador R. Sánchez Gutiérrez, “La comunicación interpersonal en las organizaciones”, en Carlos Fernández Collado (coord.), La comunicación en las organizaciones, México: Trillas, 3ª edición, 2012, p. 53.
[4] Alberto Espejo, Lenguaje, pensamiento y realidad, México, Trillas, 3ª ed., 1990, p. 35.